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La perspectiva Self-Reg de_ “Diagnosticando” el Trastorno Oposicionista Desafiante



Acababa de terminar una larga sesión matutina, y, cuando salía, una mujer en un obvio estado de estrés me paró. Me dijo que su hijo de 8 años había sido diagnosticado con el Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD) y que no sabía qué hacer. ¿Ayudaría al niño la Self-Reg?¿Ayudaría a la madre la Self-Reg? La respuesta a ambas preguntas fue, por supuesto, “Sí”, pero había algo que ella dijo que me pareció profundamente preocupante. Era esa inquietante palabra“diagnosticado”. Cada vez que escucho lo mismo - y lo escucho muchas más veces de lo que yo podría recordar - me resulta muy preocupante.


En realidad, su hijo había sido sometido al mismo tipo de procedimiento que los oficiales de control animal utilizan para identificar una raza canina. Cuando un oficial tiene que determinar si un perro particular es un pit bull, usa una lista de requisitos, y un perro será considerado pit bull si posee cinco de ocho características. De la misma forma, el niño mencionado poseía cinco de los ocho comportamientos necesarios para diagnosticar TOD. Esto significa que el niño había recibido una marca al lado de las siguiente casillas:


● Pierde los estribos con frecuencia

● A menudo está enfadado y con resentimientos

● Discute con figuras de autoridad o adultos con frecuencia

● A menudo desafía o se niega a obedecer peticiones formuladas por figuras de autoridad

● A menudo culpa a otros de sus errores y su comportamiento


¿Pero de qué manera esto es un diagnóstico ? Ciertamente, no en el sentido en que se pretendía originalmente con este término, que, siguiendo el estándar de uso médico, se debe referir al “proceso de averiguar qué está causando cierto conjunto de síntomas”. Cada diagnóstico exige una reflexión muy cuidadosa. Por lo que para ayudar realmente a un niño así necesitamos empezar a preguntar “¿Por qué?” después de cada una de las casillas marcadas.


Pero hay más problemas aquí. Piensa en lo cargado emocionalmente que está ahora el nombre “pitbull”. Qué diferente sería mirar un listado de requisitos para el “Caniche Toy”. Lo mismo sucede con palabras como “oposicionista”, “desafiante” y “trastorno”. Sin que nos demos cuenta, nuestra actitud se está moldeando y nuestro pensamiento guiando por los términos que usamos. El simple hecho de escuchar estas palabras, te pone los pelos de punta: lo suficiente como para apagar el tipo de “actitud reflexiva” necesaria para realizar un diagnóstico apropiado. Porque un verdadero diagnóstico no debe estar basado en prejuicios, sino en el conocimiento y la experiencia, además de en un profundo sentido de incertidumbre. Pero este niño pequeño, como muchos otros, no habían experimentado nada parecido. En un sentido muy real, su “tratamiento” había sido determinado por el nombre del trastorno.


Sin olvidar que los síntomas agrupados conjuntamente aquí no tienen ningún significado relevante.Al contrario, lo que resulta especialmente importante en este conjunto es la combinación de problemas de conducta y del estado de ánimo. Aún así, esto todavía nos hace preguntarnos qué es lo que dichos problemas nos están diciendo. Esta no es una pregunta que debería descartarse; de hecho, también necesita ser diagnosticada.


Quizá la primera cosa que necesitamos hacer es deshacernos de la etiqueta. El pediatra de mis hijos, Dr. Till Davy, me dijo una vez que deberíamos hablar sobre esos comportamientos como angstbeisser e instantáneamente pensé: ¡qué gran término sería! Por un lado, nadie sabría lo que significa, lo que nos permitiría superar todos los sesgos que aparecen al escuchar las palabras “oposicionista”, “desafiante” y “trastorno” conjuntamente. Por otro lado, “ angstbeisser ” hace referencia a las acciones que se desatan en un animal acorralado para protegerse, lo que apunta hacia una dirección totalmente diferente. ¿Pero protegerse de qué? ¿De nosotros?


Como el Dr. Ross Green menciona, ahí está la clave. TOD es realmente un fenómeno diádico: una consecuencia de creer que el deber básico de los padres es “socializar” a sus hijos: por ejemplo, ayudar, o, cuando sea necesario, forzar a su hijo a adquirir habilidades o rasgos que no forman parte de su naturaleza. De acuerdo con esta perspectiva, cuando los padres fracasan en este rol es porque el niño adolece de baja tolerancia a la frustración, pobre regulación emocional, habilidades de comunicación disminuidas, alta impulsividad, junto con - y en muchos casos incluso provocado por - crianza permisiva.


La creencia aquí estriba en que si la “tendencia oposicionista” del niño no se corrige, estará en riesgo de desarrollar trastornos aún más serios (por ejemplo, comportamiento antisocial, depresión, adicción). Por lo que mejor “amor duro” ahora que esas consecuencias negativas e inevitables. Sin embargo, lo que Self-Reg ve es un niño o un adolescente que está sufriendo: atrapado en una estrategia de afrontamiento maladaptativa, como fue destacado en la entrada para TOD del DSM-IV “padre e hijo sacan lo peor de cada uno”.


¿Por qué “maladaptativa”? La razón se encuentra en el rol crítico del Estado de Conexión Social como primera línea de defensa del niño para lidiar con un estrés excesivo. Un niño necesita de adultos que le ayuden a afrontar los estreses con los que no puede solo. “ Angstbeisser ” es maladaptativo no sólo porque debilita la Conexión Social, sino porque este comportamiento incrementa el nivel de estrés del niño al suscitar una respuesta hostil y posiblemente punitiva por parte del adulto.


Pero, aunque pueda parecer que el niño está eligiendo ser oposicionista, nos tenemos que preguntar: ¿por qué un niño elegiría estresarse a sí mismo aún más? El hecho es que, lejos de ser fruto de su voluntad, su comportamiento está impulsado por mecanismos paleo-mamíferos y reptilianos que desatan comportamientos primitivos “defensivos” y suprimen aquellas habilidades comunicativas e inhibitorias que comúnmente se dice que el niño carece. Es decir, cuanto más oposicionista y desafiante esté el niño, más debería responder el adulto de una forma opuesta a la del niño - contra-regular - para poder reestablecer la Conexión Social. Aunque esa respuesta es vista por la mayoría como una forma de debilidad en lugar de un imperativo biológico entre los cerebros . (del inglés, Interbrain ).


En otras palabras, la mirada convencional del “Trastorno Oposicionista Desafiante” se deriva de un “velo cognitivo” en el sentido definido por Ellen Langer (mindfulness #1): una desregulación de la Conexión Social que es el resultado de un estrés excesivo (causado por cualquier número de factores) junto con sesgos culturales que conllevan que los adultos confundan expresiones de ansiedad por actos desafiantes, y que requiere sumisión en lugar de consuelo.


El mismo término “Trastorno Oposicionista Desafiante” es una expresión del profundamente arraigado esquema mental del autocontrol, que da forma a la percepción que tenemos de los comportamientos de los niños y, del mismo modo, a nuestras respuestas.


De alguna manera, con lo que estamos lidiando realmente es con un “Trastorno Oposicionista de la Autoridad”, aunque incluso esa manera de plantear el asunto es extremadamente severa. La verdad es que puede ser muy duro no ver al niño como oposicionista cuando se cierra en banda. Nosotros nos ponemos terriblemente ansiosos. Sin duda alguna podríamos marcar casillas en la versión para padres del TOD. Hay “resonancia límbica”, sin olvidar la importancia que le adjudicamos a la fuente del conflicto. Pero además de eso, hay un estrés adicional asociado al “sesgo TOD”. Es este estrés adicional que nos lleva a librar una lucha de poder en la que todos pierden. Incluso si uno de nosotros se sale con la suya, ambos perdemos, tanto en el momento inmediato como a largo plazo.


Como es el caso en Self-Reg siempre, nuestro primer paso es “recontextualizar”: considera cuál podría ser el nexo de unión entre los síntomas agrupados conjuntamente. Algunos son “internos” o basados en los rasgos, y otros son “relacionales”. Es la conexión entre ellos lo que es fundamental: particularmente, la incapacidad del niño de navegar el mundo relacional con adultos, lo cual está exacerbando su agitación. No hay nada intencional o incluso consciente en esto, y no podemos ayudar al niño si asumimos otra cosa.


Una gran parte del reto es que los niños que exhiben estos síntomas tienen invariablemente un sesgo negativo. Esto tiene profundas implicaciones en cuanto al modo en que estos niños ven los acercamientos adultos: cómo interpretan una mirada, el tono de voz, la expresión facial. Cualquiera que sea la causa de su sesgo negativo, están preparados para ver incluso el gesto más inocuo como una amenaza. Para agravar el problema, los adultos con demasiada frecuencia apelan a lacorteza prefrontal del niño, poniendo énfasis en “elección” o en “asumir la responsabilidad”. Cuando un niño está en alerta máxima, eso incrementa el nivel de amenaza.


En su lugar, necesitamos limitarnos a la corregulación de hemisferio derecho a hemisferio derecho, y definitivamente no dar lecciones - y mucho menos castigar o arengar. Necesitamos pasar al modo calmante, teniendo presente que puede pasar mucho tiempo hasta que la alarma del niño se apague - lo que, por supuesto, es una característica que define la “carga alostática” (esto también se explica en Self-Reg). Para ayudar a estos niños, tenemos que ofrecerles miradas y vocalizaciones cálidas y tranquilizadoras, y evitar la tentación, cuando el niño empieza a calmarse, de “aprovechar el momento” para hablar sobre cómo debería comportarse. ¡Ese momento llegará! Pero primero el niño tiene que sentirse bien y estar realmente calmado, y no hay forma de saber cuánto tardará un niño en particular en conseguirlo.


La cuestión del Dr. Davy hace referencia a que lo que estamos viendo realmente en los niños con TOD “es el rol de la ansiedad surgiendo como oposición y desafío”. Es un punto muy importante. ¿Cuán diferente sería nuestra actitud si nos refiriéramos a este grupo de síntomas como un subtipo conductual específico de un “trastorno de ansiedad”? Eso es de lo que se trata, y por esa razón este conjunto de síntomas es importante. ¿Cuán diferente habrían visto y tratado los adultos a este niño pequeño? ¿Cuán diferente habría sido el propio estado emocional de la mamá si hubiera entendido no que necesitaba hacer Self-Reg sino, mucho más importante, por qué lo necesitaba?. ¿Y cuán diferente se habría sentido esa mamá si su hijo hubiera recibido el diagnóstico adecuado?: una oleada de esperanza y alivio la habría invadido en lugar de tanta ansiedad y estrés. Pero para que eso sea posible, necesitamos un vocabulario y esquema mental completamente nuevo. Para empezar, necesitamos reemplazar:


● “Oposicionista” por “ansioso”

● “Desafiante” por “hiperactivado”

● “Intencional” por “maladaptativo”

● “Trastorno” por “ciclo de estrés desregulado”


Y debemos preguntarnos: ¿Cómo es que perdimos la compasión por los niños? Porque es esa cualidad la esencia de un verdadero diagnóstico. Sin ella, estamos simplemente marcando casillas.


Lea el artículo original en inglés, encuentre más información y recursos aquí


Traducción amablemente proporcionada por Mireia Bazu , @crianzaconconexion

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